La depresión suele describirse como un estado de profunda tristeza, desánimo o apatía. Sin embargo, no se reduce solo a estar “triste”: implica una pérdida del deseo, una sensación de vacío y, muchas veces, la imposibilidad de disfrutar de lo que antes daba placer.

La medicina, en muchos casos, se limita a prescribir antidepresivos que, si bien pueden ser útiles en ciertos momentos, no logran resolver el trasfondo del sufrimiento.

Para el psicoanálisis, la depresión es el signo de que hay un problema con el deseo. Hay una caída en ese sentido y se tratará de poder localizarlo y tratarlo. Sólo así, los síntomas asociados a este estado, como  falta de energía, aislamiento o pensamientos de fracaso comenzarán a solventarse. 

El trabajo analítico permite poner palabras allí donde hay silencio, explorar la relación del sujeto con sus ideales, su historia y sus vínculos. Se abre así un camino hacia la construcción de un sentido propio que devuelve vitalidad y deseo de vivir.